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EL VALLE DEL CAUCA: FLORES Y SANGRE

Las imágenes del Valle del Cauca han hecho parte desde siempre de la iconografía nacional. En 1922 Del Diestro y Calvo realizaron MARÍA y en 1926 Camilo Cantinazzi dirigió TUYA ES LA CULPA y SUERTE Y AZAR. En el llamado Período Sonoro (años cuarenta), Cali, la capital del Valle del Cauca, fue la sede de la Calvo Film Company y la Colombia Films Company, dos intentos de hacer industria de cine.

La fertilidad, el clima de Cali y el empuje de la ciudad son los responsables de las primeras imágenes del Valle del Cauca, imágenes que reflejaban esas situaciones. También característica de la producción en esta región del país ha sido la obsesión por la sangre.

Obsesión que se motiva en la violencia de Colombia, pero a la que en esta región se agrega el pasado colonial: según Luis Ospina, la obsesión por la sangre echó raíces con el nacimiento de la capital, ciudad que debió ser fundada varias veces a causa de las sistemáticas destrucciones de las que fue víctima a manos de un grupo indígena caníbal: los Gorrones.

Abundantes directores de los medios audiovisuales han aportado su mirada a esta tierra: Lisandro Duque con VISA USA y MILAGRO EN ROMA, el bogotano Francisco Norden, quien es autor de una de las más interesantes películas que sobre la violencia de los años cincuenta se haya hecho: CÓNDORES NO ENTIERRAN TODOS LOS DÍAS y Carlos Mayolo, cineasta con una obra que en sus comienzos estuvo interesada tanto en el cine mórbido (thriller, historias góticas) como en el que reflejaba las desigualdades sociales, para finalmente ubicarse dentro de la larga lista de realizadores que viven de la televisión, con LA MANSIÓN DE ARAUCAIMA y CARNE DE TU CARNE.

En la actualidad, la vitalidad audiovisual del Valle del Cauca ha sido impulsada por la Universidad del Valle y el Canal Regional del Pacífico, aunque con los altibajos propios de los cambios de administración. Dos nombres, Oscar Campo y Luis Ospina, pueden ejemplificar la labor más reciente en el mundo de las imágenes en el Valle del Cauca.

La obra del documentalista Oscar Campo se ocupa del "testimonio fragmentario y no de las grandes realidades del país", según sus propias palabras, y, sin embargo, su subjetividad es el Valle y es Colombia, su subjetividad está habitada por el mundo que le rodea. Dos de sus trabajos, RECUERDOS DE SANGRE (1990) y UN ÁNGEL SUBTERRÁNEO (1991), son documentales con historias de muerte y locura, en donde las sonrisas de un abuelito que asesinaba por votos y la lucidez de un paranoico delirante iluminan realidades de muerte en el país.

Por su parte, Luis Ospina hace parte del llamado Grupo de Cali, junto con Carlos Mayolo, Patricia Restrepo y Ramiro Arbeláez: amigos y compañeros de trabajo de Andrés Caicedo, ese escritor, cineasta y cinéfilo que conquistó la juventud eterna con su suicidio.

La obra de Ospina se inicia en acetato con trabajos como ACTO DE FE (1970) y PURA SANGRE, pero por los altísimos costos de producción, pronto tiene que pasar al video, tras lo cual abandona también el cine argumental. Ospina, es autor, entre otros, de EN BUSCA DE MARÍA (1985), un documental sobre la búsqueda de aquel primer largometraje colombiano, ahora perdido, y de Nuestra película, (1991-1993), una reflexión íntima sobre la vida y los últimos días del pintor Lorenzo Jaramillo, quien falleció a causa del sida.

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